“Hágase mi voluntad”

Muchas veces fracasamos por hacer de oídos sordos a la voluntad de Dios, es como quien pide un consejo y hace todo lo contrario. Sin importar cuan audible es, no solo en su palabra escrita sino en quienes nos rodean, no hacemos caso. Pero solo al vivir en aflicción podemos abrir los ojos, ya no porque nos lo contaron sino porque lo vivimos.

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“El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio.” (Proverbios 12:15)

En muchas ocasiones ya había tomado una decisión en mi corazón, sabiendo que eso no era lo que Dios quería que hiciera, a pesar de ello me acercaba a pedirle al Señor, a decirle “que se haga tu voluntad” y luego me iba a hacer lo que yo quería. Hasta cierto punto esperaba que en el camino Dios se diera cuenta de que lo que yo hacía estaba bien y me respaldara. Bueno, fracase mucho por ello. Porque la voluntad de Dios es y punto.

Si vemos el caso de Jonás, Dios le dio una orden muy clara, ve a Nínive. Y como conocemos en la historia Jonás si llego a Nínive y por medio de él fueron salvos muchos en ese lugar. Pero Jonás antes de llegar al destino marcado, sufrió las consecuencias de su desobediencia, las consecuencias de no seguir la voluntad desde el principio Dios.

“Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez” ( Jonás 2:1 )

Dios no es malo, es justo. Él no nos castiga, nosotros nos desviamos del camino  y por ello sufrimos. Lo que nos pasa es porque lo decidimos. ¿Quiénes somos para enfrente a un gran Dios lleno de infinito poder y contradecir su voluntad?

Espero un día ser tan valiente como Daniel que termino en un foso rodeado de leones, como Moisés que fue capaz de dejar sus comodidades, cruzar un mar y un desierto guiando el pueblo de Dios y quisiera ser como muchos en la Biblia que aceptaron la voluntad de Dios, aun cuando nada se miraba prometedora, aun cuando no resultaba cómodo y desafiaba toda lógica. Porque aun Jesús siendo Dios se sometió ante la voluntad del Padre en aquel jardín donde bebió de la copa que contenía toda nuestra maldad.

“Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” (Mateo 26:42)

Por ello cada día, lo que me queda es orar con toda convicción la oración que nos enseñó Jesús, pero sobretodo cumplir con esa voluntad.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.” (Mateo 6:10)

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