Servir sin pasión

Es muy curioso, cuando hemos nacido de nuevo pareciera como si nuestro corazón explotara. Hay tanta pasión desbordando, el amor que sentimos que Dios tiene por nosotros es una motivación de querer hacer todo bien para El. No importan las horas ni el cansancio, porque estamos tan enamorados que deseamos hacer lo que sea para hacer sonreír a Dios.

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No creo que este mal, en realidad desearía que eso se mantuviera siempre. Pero así como en nuestras relaciones humanas nos damos cuenta que a medida el tiempo avanza las relaciones dejan de ser superficiales, profundizamos más y esto se acompaña de cambios. Los cambios no vienen de Dios, porque Él es el mismo de ayer, hoy y así será mañana. Los cambios vienen de nosotros, seres imperfectos, en un mundo imperfecto, que aunque intentamos ser perfectos esa obra será terminada cuando Cristo regrese por nosotros.

En lugar de alimentar nuestra relación con Dios nos llenamos de actividades que lo único que hacen en ocasiones es hacernos perder el enfoque, agotándonos y llenándonos de resentimiento. Aquello que una vez hacíamos para agradar a Dios se vuelve en una rutina, esperamos ser reconocidos por los líderes de la iglesia, aplaudidos por las personas, en nuestras mentes somos indispensables. También está el caso donde nos dicen que los obreros son pocos, y al principio queremos ser de esos pocos, pero luego nuestros líderes se aprovechan ahogándonos en protocolos y requisitos, colocándonos en un ambiente de presión, manipulación y menosprecio que solo crea agotamiento y desilusión.

¿En qué momento se convirtió el querer en un deber? Supongo que cuando perdemos la pasión por Cristo. No somos indispensables, es más, la obra de Dios no se detiene por un domingo que no servimos. Pero la llama de la pasión si se va perdiendo a medida dejamos de relacionarnos con Jesús. De que nos sirve ser parte de todo el programa dominical  si al final hemos dejado de conocer a quien servimos.

Para un cristiano normal, el no servir es inconcebible. Pero Dios desea que le sirvamos con alegría y de corazón.

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. El cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2

Es muy fácil caer en la trampa de servir por compromiso u obligación, o simplemente no servir. Pero no permitamos que nada nos quite la paz, todo lo que hagamos sea en nuestro trabajo, estudios, iglesia o familia, todo lo hagámonos sea como para Dios llevando de la mano el escudriñar su palabra y conversar con Él, de esa forma nuestro fervor por el Señor no flaqueara.

 “En lo que requiere diligencia, no perezosos, fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.” Romanos 12:11

 

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