Buscando la Iglesia Perfecta

Todos tenemos una definición para la palabra perfecto, el diccionario nos dice: “que tiene todas las cualidades requeridas o deseables”. Pero aun esta definición no es perfecta, pues todos buscamos cualidades distintas en algo, por ejemplo yo ando en busca del vestido perfecto y debe ser color amarillo, y seguramente el vestido perfecto para alguien más es rojo.

Hoy en día existen muchas congregaciones con distintas cualidades, es como ir de compras, te quedas con la que mejor se adapte a tus necesidades. Durante mi etapa inicial de servicio hasta hace un tiempo atrás yo veía a las iglesias (termino que estaré utilizando para las congregaciones) como escaleras, siempre ir escalando por algo mejor. Mis necesidades giraban en torno a estar en una iglesia que me permitiera desarrollar mi don de canto. Pase de una donde no eran tan disciplinados con las técnicas a una iglesia donde estudiar las canciones y ensayarlas era muy importante. Los púlpitos eran más grandes y modernos, la congregación en cantidad era mayor y  la calidad de sonido  era muchísimo mejor. Yo debía dar todo por el todo cuando se trataba del ministerio de alabanza, nada a medias. Lastimosamente había algo que era a medias y se trataba de la parte más importante por la cual un cristiano debe estar interesado en congregarse y asistir a la iglesia.

Hace tres años cambie de iglesia, por distintos temas familiares. El cambio lo sentí abismal y lo vi como algo negativo al inicio. ¿Recuerdan que todo lo miraba como una escalera? Bueno, sentí que había bajado unos cuantos escalones. Este lugar no era grande, no tenían el mejor sonido, la técnica de quienes cantaban no era a lo que estaba acostumbrada y no podía cantar muchas de las canciones que me gustaban. Me integre al ministerio de alabanza y de cierta forma trataba de meterme para lograr que este equipo mejorara y llegara a ser aquello a lo que yo estaba acostumbrada, pero no a lo que Dios quería.

Por otro lado, mi papa era maestro de discipulado así que me motivo a que tomara el nivel 1 con él. Asistí todo un año a la iglesia y me gradué de 1er nivel. En ese momento me di cuenta de algo, el ministerio de alabanza, de seguimiento, de la dominical, de las ofrendas o cualquier ministerio en el que alguien puede servir esta en segundo plano. Lo más importante dentro del programa es la palabra de Dios.  Decidí quedarme en la iglesia en la que estoy porque me motiva a aprender. Cuando estaba enfocada en subir escalones dejaba en segundo plano escuchar la palabra de Dios, era demasiado perezosa para hacerlo por mi cuenta y ni siquiera en la iglesia prestaba atención. Hay muchas cosas que me parecen que deben mejorar dentro del lugar donde estoy, pero porque son cosas que tiene que ver con generalidades y no doctrinales no son motivo para desanimarme. Saben, antes cantaba cualquier canción que tuviera una bonita melodía y arreglo musical impresionante, ahora me interesa saber que tengan fundamento bíblico porque no quiero cantar un montón de cosas sin sentido.

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Termine los 3 años de discipulado y me encanta poder hablar del libro de Apocalipsis porque me trae tanta esperanza saber que Jesús va a regresar por mí; antes ni siquiera entendía cronologías o teorías que rodeaban el tema. En el caso de mi fe, esta tambaleaba fácilmente en especial cuando me equivocaba, me sentía lo peor en el mundo. Yo era mas dura conmigo misma de lo que Dios era.

Entendí que para que mi servicio sea excelente debo conocer las raíces de todo. Los lugares a los cuales asistí no dejan de ser buenas congregaciones y eran perfectos cubriendo mi necesidad en cuanto al servicio pero no saciaban el hambre que tenia de conocimiento, y probablemente la iglesia actual no suple mi necesidad de servicio al 100% pero me ha hecho aprender mucho y se que mi servicio no se limita a cuatro paredes.

Quiero llevarte a que reflexiones en este tema, no estoy tratando de atacar a nadie, solo invitarte a poner bajo la lupa lo que mueve a tu corazón. No encontraremos iglesias perfectas, ministerios perfectos, ni personas perfectas, pero debemos estar seguros de lo que escuchamos y sobre lo que priorizamos. Si vemos el ministerio de Jesús, el no andaba con un micrófono; Jesús predicaba hablando o casi que gritando, bajo el sol sin aire acondicionado, no tenía un grupo de músicos y coristas, sin duda no contaba con un local ni estacionamiento para que las personas de la época pudiesen dejar ahí su caballo. Jesús predicaba y la gente le seguía, porque lo que hablaba era verdad y les daba esperanza eterna. Nuevamente te pregunto: ¿que mueve tu corazón?

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